miércoles, 5 de junio de 2019
LAS ABUELAS NO SE VAN NUNCA
Están ahí cuando haces una tortilla
pero no te queda igual.
Y cuando comes una que está...
casi, casi, pero no.
Cuando sueltas esa expresión
que solo usaba ella.
Cuando paseas por el pueblo y
crees que va a aparecer en la esquina.
Cuando escuchas su acento por
la calle y sonríes para ti.
El día que estás enfermo está
porque necesitas que esté.
Y el día que logras algo grande
está, porque sientes su orgullo.
Y en los ojos de tu madre está
aunque no siempre quieres que así sea.
Y cuando lloras, porque sabes que en
el sabor de tus lágrimas, están las de ella.
martes, 28 de mayo de 2019
NAVALAGAMELLA
Vigilas Madrid desde
tu balcón de encinas.
Con molinos al frente
rumor de aulencias.
Cruce de cañadas
con peñas y pasaderos
noches de nanas
y buhos sin vuelo.
Protegen los fortines
a la mayor de las estrellas
como San Miguel
a la Gamella.
viernes, 12 de abril de 2019
CANDIDATOS DE OUTLET
La democracia es una mal sistema de gobierno, ya lo decía Platón, es lo más cercano a la demagogia.
En la democracia ganan los que mejor saben mentir y manosear a las masas que por lo general son los que peor saben gestionar y trabajar..
Aún así en las democracias mundiales hay alguna excepción más que digna, no así en España en la que han sido elegidos minidictadorzuelos de tres al cuarto, bobos pseudo pacifistas y funcionarios de moqueta con ínfulas de poder.
Acaba de empezar la campaña electoral más reñida de la historia, dicen. A priori parece obvio cuando hay casi media docena de partidos a nivel nacional con opciones de colocar estómagos en el parlamento, así es imposible que nadie pueda obtener una mayoría suficiente como para gobernar o desgobernar a gusto.
Pero nadie parece querer reconocer en público el bajísimo nivel de los cinco candidatos.
Por el PSOE el tipo que ejerce de presidente desde hace unos meses, que ha llegado ahí a base de navajazos internos y externos y que ha hecho todo lo que criticaba de los anteriores, aparte de viajar como un nuevo rico a costa del dinerito de los demás y decir lo que todos queremos escuchar y hacer lo que cualquier parásito, o sea nada.
Por el PP tenemos al típico provechado que saca máster sin ir a clase porque es un señorito, el típico que te levanta la novia porque su papá le ha comprado un coche nuevo y que en la empresa privada sería un pelota insoportable. Ha llegado ahí porque se metió en medio de una guerra civil y arañó de un lado y otro, no nos consta que haya gestionado nada ni experiencia ninguna, salvo en una democracia como la nuestra no sería más que un don nadie muerto de hambre.
En el invento ése llamado Ciudadanos está el tal Rivera, otro del mismo nivel. ¿Qué ha hecho este señor para pretender ser presidente del gobierno? Nada, criticar a los presidentes anteriores y pactar con unos y otros para pillar pelo. Un botarate sin escrúpulos deseoso de tener algo de poder y creerse importante.
Luego está Podemos con Iglesias, nos engañó a muchos con su discurso anti todo y al final nos ha decepcionado como todos hacen siempre. Otro que está ahí para medrar y pillar, además está más fuera que dentro, a poco que su resultado sea tan malo como se pronostica se retirará a vivir de las tertulias y dejará a la parienta al mando.
Y el nuevo es VOX con Abascal, que nada más empezar se ha ido a Covadonga a hacer el imbécil. Tiene más pinta de portero de discoteca que de político y aparte de decir lo que muchos quieren oír no se le conoce más mérito que haber sido objetivo de ETA e ir siempre armado.
Pues con este panorama deben los españoles ir a votar tapándose la nariz para no oler la basura que se esconde en cada papeleta, salga lo que salga será malo, y con los pactos será peor y en breve dirán que hay que volver a votar como si las elecciones solucionaran algo, cuando es al revés, pero claro eso no lo dirán nunca.
En la democracia ganan los que mejor saben mentir y manosear a las masas que por lo general son los que peor saben gestionar y trabajar..
Aún así en las democracias mundiales hay alguna excepción más que digna, no así en España en la que han sido elegidos minidictadorzuelos de tres al cuarto, bobos pseudo pacifistas y funcionarios de moqueta con ínfulas de poder.
Acaba de empezar la campaña electoral más reñida de la historia, dicen. A priori parece obvio cuando hay casi media docena de partidos a nivel nacional con opciones de colocar estómagos en el parlamento, así es imposible que nadie pueda obtener una mayoría suficiente como para gobernar o desgobernar a gusto.
Pero nadie parece querer reconocer en público el bajísimo nivel de los cinco candidatos.
Por el PSOE el tipo que ejerce de presidente desde hace unos meses, que ha llegado ahí a base de navajazos internos y externos y que ha hecho todo lo que criticaba de los anteriores, aparte de viajar como un nuevo rico a costa del dinerito de los demás y decir lo que todos queremos escuchar y hacer lo que cualquier parásito, o sea nada.
Por el PP tenemos al típico provechado que saca máster sin ir a clase porque es un señorito, el típico que te levanta la novia porque su papá le ha comprado un coche nuevo y que en la empresa privada sería un pelota insoportable. Ha llegado ahí porque se metió en medio de una guerra civil y arañó de un lado y otro, no nos consta que haya gestionado nada ni experiencia ninguna, salvo en una democracia como la nuestra no sería más que un don nadie muerto de hambre.
En el invento ése llamado Ciudadanos está el tal Rivera, otro del mismo nivel. ¿Qué ha hecho este señor para pretender ser presidente del gobierno? Nada, criticar a los presidentes anteriores y pactar con unos y otros para pillar pelo. Un botarate sin escrúpulos deseoso de tener algo de poder y creerse importante.
Luego está Podemos con Iglesias, nos engañó a muchos con su discurso anti todo y al final nos ha decepcionado como todos hacen siempre. Otro que está ahí para medrar y pillar, además está más fuera que dentro, a poco que su resultado sea tan malo como se pronostica se retirará a vivir de las tertulias y dejará a la parienta al mando.
Y el nuevo es VOX con Abascal, que nada más empezar se ha ido a Covadonga a hacer el imbécil. Tiene más pinta de portero de discoteca que de político y aparte de decir lo que muchos quieren oír no se le conoce más mérito que haber sido objetivo de ETA e ir siempre armado.
Pues con este panorama deben los españoles ir a votar tapándose la nariz para no oler la basura que se esconde en cada papeleta, salga lo que salga será malo, y con los pactos será peor y en breve dirán que hay que volver a votar como si las elecciones solucionaran algo, cuando es al revés, pero claro eso no lo dirán nunca.
miércoles, 20 de febrero de 2019
COMO UNA PAELLA FRENTE AL MAR
Eres el calor de un
fuego eterno
en una gélida tarde
de invierno.
El café del domingo
por la mañana
y el abrazo sordo en
la madrugada.
Tus besos son la
paella frente al mar
y el vaso de agua
después de amar.
Tu mirada es un
regalo de los dioses
y mi alma cruje
cuando toses.
Tu voz es un eco
imposible en la noche
y la compañía
perfecta para viajar en coche.
Que me faltes mañana
es mi temor,
porque sin ti no soy yo, mi amor.
lunes, 11 de febrero de 2019
DEJEMOS EN PAZ EL HUMOR
Para cerrar la pasada ceremonia de los Goya, Buenafuente lanzó un último mensaje; "dejemos en paz al humor, es de las pocas cosas que nos unen".
Y cuánta razón, no por lo de que une que no lo sé, sino porque deberíamos dejar el humor en paz.
Entiendo que haya gente que se ofenda porque un humorista, o quien sea, se suene los mocos con una bandera, al fin y al cabo las banderas son símbolos, personalmente me parece de mal gusto, imaginen que lo hubiera hecho con la bandera de un club de fútbol...
Pero eso no justifica que se linche digitalmente a quien lo hace. Ni que se le desee la muerte ni que se le insulte a la entrada de un teatro.
Y esas cosas pasan no porque alguien en su sofá se ofenda por el hecho en sí, sino porque otros manipulan ese hecho hasta la saciedad, nos inundan con mensajes de odio hasta que consiguen que ese ofendido del sofá se levante y vaya a insultar al culpable a la salida del teatro.
Por tanto habría que preguntarse quiénes son esos que manipulan hechos así para movilizar el odio de los ciudadanos acomodados en sus sofás.
Desde luego son los mismos que no intentan movilizar a nadie en contra de la corrupción política, ni mueven un dedo por salvaguardar la educación o la sanidad públicas.
Se tratan pues de sombras siniestras que calientan para mal al personal en contra del humorista de turno, como en su día lo hicieron contra la última película de Trueba por el gravísimo delito de no sentirse español.
Tienen entonces la virtud de disparar contra el artista, la cultura en otro sentido, tal vez porque ésta pretende ser libre y en ocasiones pretenda hacer pensar al personal cuando es mucho mejor que permanezcan idiotizados ante el televisor.
Son herederos de los que ordenaron disparar a Lorca, aunque no nos engañemos, están a la derecha y a la izquierda de las fosas comunes, al norte y al sur del Ebro. Están por todas partes y sobre todo en las RRSS se esconden detrás de seudónimos y fotografías simpáticas, el lobo disfrazado de corderito.
Así que sean de dónde sean y cojeen del pie que cojeen no se dejen apartar de la cultura, vayan al cine, lean, escuchen música y descubran el teatro. No tienen que estar de acuerdo con el artista, pueden incluso odiarle, pero permítanle expresarse, de lo contrario volverá la censura, volveremos a no poder leer determinados libros y nos cortarán o censurarán películas.
En nuestras manos está.
Y dejemos en paz al humor, si no nos hace gracia no lo vean o no lo compren, al final el público tiene la última palabra salvo que renunciemos a ella en favor del censor.
Y cuánta razón, no por lo de que une que no lo sé, sino porque deberíamos dejar el humor en paz.
Entiendo que haya gente que se ofenda porque un humorista, o quien sea, se suene los mocos con una bandera, al fin y al cabo las banderas son símbolos, personalmente me parece de mal gusto, imaginen que lo hubiera hecho con la bandera de un club de fútbol...
Pero eso no justifica que se linche digitalmente a quien lo hace. Ni que se le desee la muerte ni que se le insulte a la entrada de un teatro.
Y esas cosas pasan no porque alguien en su sofá se ofenda por el hecho en sí, sino porque otros manipulan ese hecho hasta la saciedad, nos inundan con mensajes de odio hasta que consiguen que ese ofendido del sofá se levante y vaya a insultar al culpable a la salida del teatro.
Por tanto habría que preguntarse quiénes son esos que manipulan hechos así para movilizar el odio de los ciudadanos acomodados en sus sofás.
Desde luego son los mismos que no intentan movilizar a nadie en contra de la corrupción política, ni mueven un dedo por salvaguardar la educación o la sanidad públicas.
Se tratan pues de sombras siniestras que calientan para mal al personal en contra del humorista de turno, como en su día lo hicieron contra la última película de Trueba por el gravísimo delito de no sentirse español.
Tienen entonces la virtud de disparar contra el artista, la cultura en otro sentido, tal vez porque ésta pretende ser libre y en ocasiones pretenda hacer pensar al personal cuando es mucho mejor que permanezcan idiotizados ante el televisor.
Son herederos de los que ordenaron disparar a Lorca, aunque no nos engañemos, están a la derecha y a la izquierda de las fosas comunes, al norte y al sur del Ebro. Están por todas partes y sobre todo en las RRSS se esconden detrás de seudónimos y fotografías simpáticas, el lobo disfrazado de corderito.
Así que sean de dónde sean y cojeen del pie que cojeen no se dejen apartar de la cultura, vayan al cine, lean, escuchen música y descubran el teatro. No tienen que estar de acuerdo con el artista, pueden incluso odiarle, pero permítanle expresarse, de lo contrario volverá la censura, volveremos a no poder leer determinados libros y nos cortarán o censurarán películas.
En nuestras manos está.
Y dejemos en paz al humor, si no nos hace gracia no lo vean o no lo compren, al final el público tiene la última palabra salvo que renunciemos a ella en favor del censor.
lunes, 19 de diciembre de 2016
La mirada de esa niña
La mirada de esa niña
Que ya no es niña,
La sangre roja
Que ya no es sangre,
El dolor de esa madre
Que ya no lo es.
lunes, 5 de diciembre de 2016
Primer capítulo de LOS ÚLTIMOS AMANECERES de Martin Rae
1
Eran más de las siete de la tarde cuando Vicente concluyó
la presentación en PowerPoint, la maldita presentación.
Había estado con ella los dos últimos días, dos
maratonianas jornadas laborales completas dedicadas a una presentación en la
que exponía su trabajo a otros departamentos de su misma empresa, dos días para
contar en qué consiste su trabajo durante los cuales no pudo hacer su trabajo,
ironía de la empresa moderna.
Aunque Vicente aun no llegaba a cumplir los cuarenta años y
había aprendido a utilizar el PowerPoint en la universidad, era de los que
consideraba que no necesitaba tanta parafernalia para explicar en qué consistía
su puñetero trabajo ya que al fin y al cabo no era tan complicado de exponer.
Sin embargo, su jefe (en la empresa moderna conocido como “responsable”) era un
enamorado de las presentaciones en PowerPoint, probablemente porque ni las
hacía él ni tenía puñetera idea de hacer una, sin embargo era muy quisquilloso
a la hora de supervisarlas y no daba su visto bueno hasta que la presentación
no contaba con las suficientes figuritas y alegorías visuales.
Pero lo peor no era eso sino el hecho de que encargaba una
presentación sin especificar qué pretendía más allá de una idea ambigua y el
resto del tiempo disponible hasta el día D y la hora H se lo pasaba
rectificándola y obligando a rehacerla una y otra vez. Daba igual que quedaran
dos o seis días, la versión definitiva no estaría hasta cinco minutos antes de
entrar en la sala a presentarla.
Miró por la ventana y no observó más que oscuridad fuera,
el insulso edificio de oficinas gemelo al que ocupaba él mantenía algunas luces
encendidas pero predominaba la oscuridad. Levantó la mirada por encima de la
pantalla de su ordenado y comprobó que estaba casi sólo. Al fondo se veía a un
tipo gordo y con barba de contabilidad con el que no había cruzado jamás una
palabra a pesar de llevar cruzándose por los pasillos a diario desde hacía más
de cinco años. Éste no debía marcharse a casa nunca antes de las ocho de la
tarde, Vicente supuso que estaría soltero y por eso prefería permanecer allí
antes que recrearse en la soledad de su casa, eso si es que vivía sólo porque
quizás aún convivía con sus padres a pesar de aparentar mucho más de treinta
años.
A unos metros a su izquierda también trabajaban dos
personas de marketing, uno era el jefe del departamento; Gustavo. Un cincuentón
de ojos saltones medio loco con pinta de baboso, sobre todo aquella tarde que
tenía sentada junto a él a la última incorporación en el departamento.
Vicente tenía la idea de que o todos los estudiantes de
marketing eran tías buenas o aquel tipo seleccionaba en función de la foto del
currículo. En aquel momento el departamento lo formaban cinco personas
contándole a él, tres eran tías buenas y el quinto un pobre pringado que debía
ser el encargado de currar duro. Además la rotación en Marketing era de dos o
tres tías por año, siguiendo su propia teoría Vicente consideraba que o bien
las echaba por estrechas o se largaban ellas cansadas del baboso.
Le dio a guardar a la presentación tres o cuatro veces no
fuera que le diera por fallar al sistema y se perdieran todos los cambios a la
mañana siguiente, aunque en su fuero interno sabía que daba igual, cuando
llegara Toño, su responsable, le haría volver a modificar otra vez toda la
maldita presentación. Por suerte el calvario acabaría a las dos y cuarto que
era la hora de la reunión, una vez que acabara ésta podría volver a retomar su
trabajo como analista de riesgos.
Volvió a mirar la oscuridad de la ventana al tiempo que
apagaba el ordenador y se levantaba para colocarse el abrigo, era hora de
marcharse a casa.
Se dirigió hasta el ascensor y al pulsar el botón de
llamada vio que alguien llegaba y se colocaba su lado, era la nueva muchacha de
Marketing que parecía poner fin también a su maratoniana jornada de trabajo.
-Hola –saludó ella mientras Vicente se limitó a devolver
una sonrisa por saludo.
Las puertas del ascensor se abrieron y Vicente le dejó
pasar primero, momento que aprovechó para visualizarla mejor, a tan corta
distancia no era tan joven como había podido parecerle, si no tenía ya los
treinta debía de estar muy cerca de cumplirlos, aun así destacaba en ella una
belleza simple, sus rasgos destacaban por su sencillez así como unos enormes
ojos marrones que parecían pecar de humildad, como si pretendiesen no llamar
demasiado la atención.
-Ya es hora de irse a casa, ¿eh? –comentó Gustavo al tiempo
que pulsaba el botón de la planta baja.
-Sí, ha sido un día largo –añadió la muchacha mostrando una amplia sonrisa algo
cansada.
-Perdona, no me he presentado, soy Vicente y trabajo en
análisis de riesgos.
-Yo soy María y estoy en Marketing, supongo que soy la
nueva ya que apenas llevo un par de semanas.
-Sí, me había parecido verte por aquí, aunque como habrás
podido comprobar somos una oficina en la que vamos mucho a lo nuestro sin una
gran pertenencia de equipo.
-Sí, lo he notado, vengo de una empresa mucho más pequeña
en la que éramos como una familia, aquí os relacionáis poco los unos con los
otros.
-Así es, no obstante si te puedo ayudar en algo cuenta
conmigo.
Las puertas del ascensor se abrieron dejando frente a ellos
la amplitud del hall del edificio de oficinas, caminaron por él juntos en
silencio dejando a su derecha a Patricia, una de las recepcionistas que les
deseó que pasaran una buena tarde.
Al final del hall se abrieron para ellos las dos hojas de
cristal de la puerta automática permitiéndoles salir a la húmeda tarde.
-Huele a lluvia –dijo María.
-Sí, debe estar a punto de comenzar, ¿dónde has dejado el
coche?
-Allí –dijo señalando a la izquierda.
-Yo justo en la dirección contraria, en fin que tengas
buena tarde.
-Igualmente Vicente, que descanses.
Con el olor afrutado del perfume de María revoloteando en
sus fosas nasales se dirigió hacia el lugar en el que había estacionado su
coche, a unas seis calles de su oficina, ése era uno de los inconvenientes de
llegar más tarde de las ocho y media, pero estaba dispuesto a sacrificarse
teniendo en cuenta que ningún día salía antes de las seis y media de la tarde.
Justo en el momento en el que se sentaba al volante y cerraba
la puerta las primeras gotas cayeron sobre el parabrisas de su coche.
“Magnifico –pensó-, ahora sólo falta que haya atasco para
llegar a casa y así remataremos otro magnífico día”.
Treinta minutos más tarde aparcaba cerca de su casa, le
tocaba dejarlo en la calle a pesar de contar con plaza de garaje en su edificio
ya que de ésta hacia uso y disfrute Eva, su mujer, ella era la encargada de
llevar y traer del cole a su hijo Fran de ocho años.
Apagó la radio y se quedó por un momento quieto en el coche
disfrutando del silencio y paz que éste le ofrecía, eran sus últimos instantes
de quietud del día, si había acabado la batalla en el trabajo comenzaba la de
su casa, batallas distintas de una misma guerra que no parecía tener fin.
Vicente pensaba que quizás se tratase de la crisis de los
cuarenta, pero lo cierto es que no se encontraba a gusto con casi nada de su
vida actual, en el trabajo no sólo tenía la sensación de que echaba más horas
de las que debiese y que además se pasaba la mayor parte del tiempo realizando
labores absurdas que no servían para nada, además en su departamento eran dos
contando con su jefe cuando lo lógico es que fueran al menos el doble de
personas, sin embargo las altas tasas de desempleo les servían a las empresas
para exprimir a sus empleados con la idea de “fuera se está peor así que
apechuga con lo que te toque”.
En casa la cosa tampoco es que estuviera mucho mejor. Tras
una década de matrimonio el suyo ya no tenía chispa alguna, o así al menos lo
veía él, ya que la única vez que lo intentó comentar con Eva ésta se puso a la
defensiva sin dejarle margen de maniobra.
Al menos estaba Fran, su hijo de ocho años con el que
trataba de disfrutar cada segundo que tenía con él, lo había hecho así desde el
día en que nació y aunque por culpa del trabajo apenas le veía a diario, son que
compartiera con él unos minutos antes de irse a la cama aquello compensaba todo
lo demás.
Soltó aire y bajó del coche para dirigirse a su casa bajo
las últimas gotas de lluvia.
Vicente y María vivían en una zona de reciente construcción
en la zona Este de Madrid, su vivienda estaba ubicada en una urbanización
formada por cuatro edificios que formaban un cuadrado que parecía refugiarse
del exterior, en el amplio espacio interior había dos piscinas, una de ellas infantil
además de una zona de juegos para niños, en los bajos había un pequeño gimnasio
equipado con un par de cintas para correr, tres bicicletas estáticas, una
elíptica y un par de docenas de mancuernas de diferentes pesos, otro de los
bajos era un espacio multiusos que por lo general se utilizaba para celebrar
cumpleaños infantiles, la única condición para su disfrute a parte de ser
vecino de la urbanización era avisar con antelación para reservar el espacio y
tras la fiesta dejarlo limpio y recogido, esta última condición no siempre se
cumplía por todos lo que había generado algún rifi rafe entre vecinos.
Por lo general Vicente hacía escaso uso de estas zonas
comunes, en verano la piscina cuando acompañaba a su hijo aunque por trabajo lo
habitual era que quien lo hiciese fuese su mujer, quien además como maestra
disfrutaba de dos meses largos de vacaciones.
En alguna ocasión intentó como rutina bajar al gimnasio,
por lo general trataba de evitar la cinta de correr a la que tenía pavor, no
sólo por el esfuerzo absurdo de correr sin moverse del sitio sino por el hecho
de no ser capaz de seguir el ritmo e irse de cara contra el suelo.
Las bicicletas estáticas sí las usó en alguna ocasión
aunque por lo general la que más utilizó fue la elíptica, era la que menos
agujetas le producía. Pero en general a Vicente le aburría practicar deporte y
más sólo, en su juventud jugó al futbol con amigos llegando a estar federado y
participar en ligas locales, pero con el tiempo cada vez practicaba menos
deporte, solía achacarlo a la falta de tiempo aunque en su fuero interno iba
siendo consciente de que su cuerpo se oxidaba sin remisión.
Eva sin embargo casi siempre practicó algún tipo de
deporte, seguía la moda del momento así que en los últimos años había pasado de
hacer footing al pádel, luego durante un
tiempo hizo Pilates antes de pasarse al yoga y terminar compaginándolo con el
running.
En contra de lo que le ocurría a Vicente ella siempre
encontraba un hueco para practicar algún deporte, según ella misma confesaba
era su válvula de escape, su momento para ella. Vicente la envidiaba en
silencio aunque siempre le animaba a que siguiese con ello.
Al entrar en la casa le recibió un extraño silencio así que
saludó en voz alta desde la puerta.
-Estamos aquí –saludó Eva a lo lejos, al parecer estaba
ayudando con los deberes a Fran-, en media hora cenamos.
La cena transcurrió en tranquila monotonía, Eva que solía
llevar la voz cantante contó varias anécdotas de su día en el colegio mientras
Fran engullía la comida con rapidez, Vicente hacía como que escuchaba a su
esposa aunque en realidad ansiaba un poco de silencio para despejar la mente.
Como siempre, Fran acabó el primero y se marchó al salón a
ver la televisión, Vicente le envidió, él también ansiaba levantarse de la mesa
e ir a tumbarse al sofá a mirar algún programa absurdo de la tele que le
permitiera dejar la mente en blanco unos minutos, sin embargo una vez terminó
de cenar se quedó recogiendo la cocina junto a Eva.
Unos minutos más tarde padre e hijo compartían unos pocos
minutos juntos, lo hacían en la habitación de Fran cuando esté ya estaba
incluso dentro de la cama y preparado para irse a la cama, era una costumbre
que habían adquirido desde que no era más que un bebé, al principio el padre le
leía un cuento hasta que se quedaba dormido, cuando el niño fue creciendo y
estaba aprendiendo a leer era el niño quien a ritmo de sílaba y con un gran
esfuerzo se lo leía al padre, ahora que ya era mayor para cuentos se contaban
durante unos minutos lo más destacado del día el uno al otro.
Vicente estaba convencido de que aquellas pequeñas charlas
fortalecían la unión padre e hijo, siempre había oído que no era tan importante
el tiempo que se pasa con los hijos como que éste sea de calidad y para él
estos momentos era de calidad de la buena. Además, estas conversaciones eran su
válvula de escape, su fuga de la rutina y el tedio.
Como cada noche se despidieron con un beso en la frente y
Vicente se dirigió al salón comedor en el que
Eva veía en la televisión una
serie de abogados. Durante unos minutos realizó un verdadero esfuerzo por
engancharse al episodio pero fue en balde, como solía ser habitual se marchó a
la cama a escuchar algún programa nocturno de radio de información, así conseguía
ir desconectando su cerebro poco a poco hasta conciliar el sueño minutos antes
de que su mujer ocupara el lado derecho de la cama.
Mientras escuchaba la radio con los auriculares a través
del teléfono móvil, éste emitió un sonido característico y muy reconocible por
Vicente, se trataba de una alerta.
Tenía configuradas varias alertas a través de Google para
que le advirtieran cuando se produjeran noticias que él consideraba podían ser
relevantes para su trabajo como analista de riesgo en una compañía de seguros,
en la mayoría de los casos no se trataba de nada importante, pero le parecía
una manera curiosa de ser alertado.
En la mayoría de los casos las alertas hacían referencia a
graves incendios, terremotos, huracanes y cosas por el estilo pero en aquella
ocasión la alerta hacía referencia a una muerte por un extraño virus, tal y como había sucedido en ocasiones
anteriores con los brotes de Ébola y del Zika en esta ocasión le remitía a una
noticia del NY Times en cuya versión web se informaba de que en alguna lejana
aldea del continente africano se habían producido varias muertes en extrañas
circunstancias, aunque en un primer momento las autoridades locales lo habían achacado
a un posible brote de Malaria o incluso de Ébola, lo cierto es que los síntomas
no parecían coincidir con estas enfermedades, no obstante por lo remoto de la
zona y el difícil acceso hasta allí para las asistencias médicas se hacía
complicado determinar con detalle el motivo exacto de estos fallecimientos.
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