viernes, 12 de abril de 2019

CANDIDATOS DE OUTLET

La democracia es una mal sistema de gobierno, ya lo decía Platón, es lo más cercano a la demagogia.

En la democracia ganan los que mejor saben mentir y manosear a las masas que por lo general son los que peor saben gestionar y trabajar..

Aún así en las democracias mundiales hay alguna excepción más que digna, no así en España en la que han sido elegidos minidictadorzuelos de tres al cuarto, bobos pseudo pacifistas y funcionarios de moqueta con ínfulas de poder.

Acaba de empezar la campaña electoral más reñida de la historia, dicen. A priori parece obvio cuando hay casi media docena de partidos a nivel nacional con opciones de colocar estómagos en el parlamento, así es imposible que nadie pueda obtener una mayoría suficiente como para gobernar o desgobernar a gusto.

Pero nadie parece querer reconocer en público el bajísimo nivel de los cinco candidatos.

Por el PSOE el tipo que ejerce de presidente desde hace unos meses, que ha llegado ahí a base de navajazos internos y externos y que ha hecho todo lo que criticaba de los anteriores, aparte de viajar como un nuevo rico a costa del dinerito de los demás y decir lo que todos queremos escuchar y hacer lo que cualquier parásito, o sea nada.

Por el PP tenemos al típico provechado que saca máster sin ir a clase porque es un señorito, el típico que te levanta la novia porque su papá le ha comprado un coche nuevo y que en la empresa privada sería un pelota insoportable. Ha llegado ahí porque se metió en medio de una guerra civil y arañó de un lado y otro, no nos consta que haya gestionado nada ni experiencia ninguna, salvo en una democracia como la nuestra no sería más que un don nadie muerto de hambre.

En el invento ése llamado Ciudadanos está el tal Rivera, otro del mismo nivel. ¿Qué ha hecho este  señor para pretender ser presidente del gobierno? Nada, criticar a los presidentes anteriores y pactar con unos y otros para pillar pelo. Un botarate sin escrúpulos deseoso de tener algo de poder y creerse importante.

Luego está Podemos con Iglesias, nos engañó a muchos con su discurso anti todo y al final nos ha decepcionado como todos hacen siempre. Otro que está ahí para medrar y pillar, además está más fuera que dentro, a poco que su resultado sea tan malo como se pronostica se retirará a vivir de las tertulias y dejará a la parienta al mando.

Y el nuevo es VOX con Abascal, que nada más empezar se ha ido a Covadonga a hacer el imbécil. Tiene más pinta de portero de discoteca que de político y aparte de decir lo que muchos quieren oír no se le conoce más mérito que haber sido objetivo de ETA e ir siempre armado.

Pues con este panorama deben los españoles ir a votar tapándose la nariz para no oler la basura que se esconde en cada papeleta, salga lo que salga será malo, y con los pactos será peor y en breve dirán que hay que volver a votar como si las elecciones solucionaran algo, cuando es al revés, pero claro eso no lo dirán nunca.



miércoles, 20 de febrero de 2019

COMO UNA PAELLA FRENTE AL MAR

Eres el calor de un fuego eterno
en una gélida tarde de invierno.
El café del domingo por la mañana
y el abrazo sordo en la madrugada.
Tus besos son la paella frente al mar
y el vaso de agua después de amar.
Tu mirada es un regalo de los dioses
y mi alma cruje cuando toses.
Tu voz es un eco imposible en la noche
y la compañía perfecta para viajar en coche.
Que me faltes mañana es mi temor,
                                                         porque sin ti no soy yo, mi amor.

lunes, 11 de febrero de 2019

DEJEMOS EN PAZ EL HUMOR

Para cerrar la pasada ceremonia de los Goya, Buenafuente lanzó un último mensaje; "dejemos en paz al humor, es de las pocas cosas que nos unen".

Y cuánta razón, no por lo de que une que no lo sé, sino porque deberíamos dejar el humor en paz.
Entiendo que haya gente que se ofenda porque un humorista, o quien sea, se suene los mocos con una bandera, al fin y al cabo las banderas son símbolos, personalmente me parece de mal gusto, imaginen que lo hubiera hecho con la bandera de un club de fútbol...

Pero eso no justifica que se linche digitalmente a quien lo hace. Ni que se le desee la muerte ni que se le insulte a la entrada de un teatro.

Y esas cosas pasan no porque alguien en su sofá se ofenda por el hecho en sí, sino porque otros manipulan ese hecho hasta la saciedad, nos inundan con mensajes de odio hasta que consiguen que ese ofendido del sofá se levante y vaya a insultar al culpable a la salida del teatro.

Por tanto habría que preguntarse quiénes son esos que manipulan hechos así para movilizar el odio de los ciudadanos acomodados en sus sofás.

Desde luego son los mismos que no intentan movilizar a nadie en contra de la corrupción política, ni mueven un dedo por salvaguardar la educación o la sanidad públicas.

Se tratan pues de sombras siniestras que calientan para mal al personal en contra del humorista de turno, como en su día lo hicieron contra la última película de Trueba por el gravísimo delito de no sentirse español.

Tienen entonces la virtud de disparar contra el artista, la cultura en otro sentido, tal vez porque ésta pretende ser libre y en ocasiones pretenda hacer pensar al personal cuando es mucho mejor que permanezcan idiotizados ante el televisor.

Son herederos de los que ordenaron disparar a Lorca, aunque no nos engañemos, están a la derecha y a la izquierda de las fosas comunes, al norte y al sur del Ebro. Están por todas partes y sobre todo en las RRSS se esconden detrás de seudónimos y fotografías simpáticas, el lobo disfrazado de corderito.

Así que sean de dónde sean y cojeen del pie que cojeen no se dejen apartar de la cultura, vayan al cine, lean, escuchen música y descubran el teatro. No tienen que estar de acuerdo con el artista, pueden incluso odiarle, pero permítanle expresarse, de lo contrario volverá la censura, volveremos a no poder leer determinados libros y nos cortarán o censurarán películas.

En nuestras manos está.

Y dejemos en paz al humor, si no nos hace gracia no lo vean o no lo compren, al final el público tiene la última palabra salvo que renunciemos a ella en favor del censor.

lunes, 19 de diciembre de 2016

La mirada de esa niña

La mirada de esa niña 
Que ya no es niña,
La sangre roja 
Que ya no es sangre,
El dolor de esa madre 
Que ya no lo es.


lunes, 5 de diciembre de 2016

Primer capítulo de LOS ÚLTIMOS AMANECERES de Martin Rae


1
Eran más de las siete de la tarde cuando Vicente concluyó la presentación en PowerPoint, la maldita presentación.

Había estado con ella los dos últimos días, dos maratonianas jornadas laborales completas dedicadas a una presentación en la que exponía su trabajo a otros departamentos de su misma empresa, dos días para contar en qué consiste su trabajo durante los cuales no pudo hacer su trabajo, ironía de la empresa moderna.

Aunque Vicente aun no llegaba a cumplir los cuarenta años y había aprendido a utilizar el PowerPoint en la universidad, era de los que consideraba que no necesitaba tanta parafernalia para explicar en qué consistía su puñetero trabajo ya que al fin y al cabo no era tan complicado de exponer. Sin embargo, su jefe (en la empresa moderna conocido como “responsable”) era un enamorado de las presentaciones en PowerPoint, probablemente porque ni las hacía él ni tenía puñetera idea de hacer una, sin embargo era muy quisquilloso a la hora de supervisarlas y no daba su visto bueno hasta que la presentación no contaba con las suficientes figuritas y alegorías visuales.

Pero lo peor no era eso sino el hecho de que encargaba una presentación sin especificar qué pretendía más allá de una idea ambigua y el resto del tiempo disponible hasta el día D y la hora H se lo pasaba rectificándola y obligando a rehacerla una y otra vez. Daba igual que quedaran dos o seis días, la versión definitiva no estaría hasta cinco minutos antes de entrar en la sala a presentarla.
Miró por la ventana y no observó más que oscuridad fuera, el insulso edificio de oficinas gemelo al que ocupaba él mantenía algunas luces encendidas pero predominaba la oscuridad. Levantó la mirada por encima de la pantalla de su ordenado y comprobó que estaba casi sólo. Al fondo se veía a un tipo gordo y con barba de contabilidad con el que no había cruzado jamás una palabra a pesar de llevar cruzándose por los pasillos a diario desde hacía más de cinco años. Éste no debía marcharse a casa nunca antes de las ocho de la tarde, Vicente supuso que estaría soltero y por eso prefería permanecer allí antes que recrearse en la soledad de su casa, eso si es que vivía sólo porque quizás aún convivía con sus padres a pesar de aparentar mucho más de treinta años.

A unos metros a su izquierda también trabajaban dos personas de marketing, uno era el jefe del departamento; Gustavo. Un cincuentón de ojos saltones medio loco con pinta de baboso, sobre todo aquella tarde que tenía sentada junto a él a la última incorporación en el departamento.
Vicente tenía la idea de que o todos los estudiantes de marketing eran tías buenas o aquel tipo seleccionaba en función de la foto del currículo. En aquel momento el departamento lo formaban cinco personas contándole a él, tres eran tías buenas y el quinto un pobre pringado que debía ser el encargado de currar duro. Además la rotación en Marketing era de dos o tres tías por año, siguiendo su propia teoría Vicente consideraba que o bien las echaba por estrechas o se largaban ellas cansadas del baboso.
Le dio a guardar a la presentación tres o cuatro veces no fuera que le diera por fallar al sistema y se perdieran todos los cambios a la mañana siguiente, aunque en su fuero interno sabía que daba igual, cuando llegara Toño, su responsable, le haría volver a modificar otra vez toda la maldita presentación. Por suerte el calvario acabaría a las dos y cuarto que era la hora de la reunión, una vez que acabara ésta podría volver a retomar su trabajo como analista de riesgos.

Volvió a mirar la oscuridad de la ventana al tiempo que apagaba el ordenador y se levantaba para colocarse el abrigo, era hora de marcharse a casa.

Se dirigió hasta el ascensor y al pulsar el botón de llamada vio que alguien llegaba y se colocaba su lado, era la nueva muchacha de Marketing que parecía poner fin también a su maratoniana jornada de trabajo.
-Hola –saludó ella mientras Vicente se limitó a devolver una sonrisa por saludo.

Las puertas del ascensor se abrieron y Vicente le dejó pasar primero, momento que aprovechó para visualizarla mejor, a tan corta distancia no era tan joven como había podido parecerle, si no tenía ya los treinta debía de estar muy cerca de cumplirlos, aun así destacaba en ella una belleza simple, sus rasgos destacaban por su sencillez así como unos enormes ojos marrones que parecían pecar de humildad, como si pretendiesen no llamar demasiado la atención.

-Ya es hora de irse a casa, ¿eh? –comentó Gustavo al tiempo que pulsaba el botón de la planta baja.

-Sí, ha sido un día largo –añadió  la muchacha mostrando una amplia sonrisa algo cansada.

-Perdona, no me he presentado, soy Vicente y trabajo en análisis de riesgos.

-Yo soy María y estoy en Marketing, supongo que soy la nueva ya que apenas llevo un par de semanas.

-Sí, me había parecido verte por aquí, aunque como habrás podido comprobar somos una oficina en la que vamos mucho a lo nuestro sin una gran pertenencia de equipo.

-Sí, lo he notado, vengo de una empresa mucho más pequeña en la que éramos como una familia, aquí os relacionáis poco los unos con los otros.

-Así es, no obstante si te puedo ayudar en algo cuenta conmigo.

Las puertas del ascensor se abrieron dejando frente a ellos la amplitud del hall del edificio de oficinas, caminaron por él juntos en silencio dejando a su derecha a Patricia, una de las recepcionistas que les deseó que pasaran una buena tarde.
Al final del hall se abrieron para ellos las dos hojas de cristal de la puerta automática permitiéndoles salir a la húmeda tarde.

-Huele a lluvia –dijo María.

-Sí, debe estar a punto de comenzar, ¿dónde has dejado el coche?

-Allí –dijo señalando a la izquierda.

-Yo justo en la dirección contraria, en fin que tengas buena tarde.

-Igualmente Vicente, que descanses.

Con el olor afrutado del perfume de María revoloteando en sus fosas nasales se dirigió hacia el lugar en el que había estacionado su coche, a unas seis calles de su oficina, ése era uno de los inconvenientes de llegar más tarde de las ocho y media, pero estaba dispuesto a sacrificarse teniendo en cuenta que ningún día salía antes de las seis y media de la tarde.
Justo en el momento en el que se sentaba al volante y cerraba la puerta las primeras gotas cayeron sobre el parabrisas de su coche.

“Magnifico –pensó-, ahora sólo falta que haya atasco para llegar a casa y así remataremos otro magnífico día”.

Treinta minutos más tarde aparcaba cerca de su casa, le tocaba dejarlo en la calle a pesar de contar con plaza de garaje en su edificio ya que de ésta hacia uso y disfrute Eva, su mujer, ella era la encargada de llevar y traer del cole a su hijo Fran de ocho años.

Apagó la radio y se quedó por un momento quieto en el coche disfrutando del silencio y paz que éste le ofrecía, eran sus últimos instantes de quietud del día, si había acabado la batalla en el trabajo comenzaba la de su casa, batallas distintas de una misma guerra que no parecía tener fin.

Vicente pensaba que quizás se tratase de la crisis de los cuarenta, pero lo cierto es que no se encontraba a gusto con casi nada de su vida actual, en el trabajo no sólo tenía la sensación de que echaba más horas de las que debiese y que además se pasaba la mayor parte del tiempo realizando labores absurdas que no servían para nada, además en su departamento eran dos contando con su jefe cuando lo lógico es que fueran al menos el doble de personas, sin embargo las altas tasas de desempleo les servían a las empresas para exprimir a sus empleados con la idea de “fuera se está peor así que apechuga con lo que te toque”.

En casa la cosa tampoco es que estuviera mucho mejor. Tras una década de matrimonio el suyo ya no tenía chispa alguna, o así al menos lo veía él, ya que la única vez que lo intentó comentar con Eva ésta se puso a la defensiva sin dejarle margen de maniobra.
Al menos estaba Fran, su hijo de ocho años con el que trataba de disfrutar cada segundo que tenía con él, lo había hecho así desde el día en que nació y aunque por culpa del trabajo apenas le veía a diario, son que compartiera con él unos minutos antes de irse a la cama aquello compensaba todo lo demás.

Soltó aire y bajó del coche para dirigirse a su casa bajo las últimas gotas de lluvia.

Vicente y María vivían en una zona de reciente construcción en la zona Este de Madrid, su vivienda estaba ubicada en una urbanización formada por cuatro edificios que formaban un cuadrado que parecía refugiarse del exterior, en el amplio espacio interior había dos piscinas, una de ellas infantil además de una zona de juegos para niños, en los bajos había un pequeño gimnasio equipado con un par de cintas para correr, tres bicicletas estáticas, una elíptica y un par de docenas de mancuernas de diferentes pesos, otro de los bajos era un espacio multiusos que por lo general se utilizaba para celebrar cumpleaños infantiles, la única condición para su disfrute a parte de ser vecino de la urbanización era avisar con antelación para reservar el espacio y tras la fiesta dejarlo limpio y recogido, esta última condición no siempre se cumplía por todos lo que había generado algún rifi rafe entre vecinos.

Por lo general Vicente hacía escaso uso de estas zonas comunes, en verano la piscina cuando acompañaba a su hijo aunque por trabajo lo habitual era que quien lo hiciese fuese su mujer, quien además como maestra disfrutaba de dos meses largos de vacaciones.

En alguna ocasión intentó como rutina bajar al gimnasio, por lo general trataba de evitar la cinta de correr a la que tenía pavor, no sólo por el esfuerzo absurdo de correr sin moverse del sitio sino por el hecho de no ser capaz de seguir el ritmo e irse de cara contra el suelo.

Las bicicletas estáticas sí las usó en alguna ocasión aunque por lo general la que más utilizó fue la elíptica, era la que menos agujetas le producía. Pero en general a Vicente le aburría practicar deporte y más sólo, en su juventud jugó al futbol con amigos llegando a estar federado y participar en ligas locales, pero con el tiempo cada vez practicaba menos deporte, solía achacarlo a la falta de tiempo aunque en su fuero interno iba siendo consciente de que su cuerpo se oxidaba sin remisión.

Eva sin embargo casi siempre practicó algún tipo de deporte, seguía la moda del momento así que en los últimos años había pasado de hacer footing  al pádel, luego durante un tiempo hizo Pilates antes de pasarse al yoga y terminar compaginándolo con el running.

En contra de lo que le ocurría a Vicente ella siempre encontraba un hueco para practicar algún deporte, según ella misma confesaba era su válvula de escape, su momento para ella. Vicente la envidiaba en silencio aunque siempre le animaba a que siguiese con ello.

Al entrar en la casa le recibió un extraño silencio así que saludó en voz alta desde la puerta.

-Estamos aquí –saludó Eva a lo lejos, al parecer estaba ayudando con los deberes a Fran-, en media hora cenamos.

La cena transcurrió en tranquila monotonía, Eva que solía llevar la voz cantante contó varias anécdotas de su día en el colegio mientras Fran engullía la comida con rapidez, Vicente hacía como que escuchaba a su esposa aunque en realidad ansiaba un poco de silencio para despejar la mente.

Como siempre, Fran acabó el primero y se marchó al salón a ver la televisión, Vicente le envidió, él también ansiaba levantarse de la mesa e ir a tumbarse al sofá a mirar algún programa absurdo de la tele que le permitiera dejar la mente en blanco unos minutos, sin embargo una vez terminó de cenar se quedó recogiendo la cocina junto a Eva.

Unos minutos más tarde padre e hijo compartían unos pocos minutos juntos, lo hacían en la habitación de Fran cuando esté ya estaba incluso dentro de la cama y preparado para irse a la cama, era una costumbre que habían adquirido desde que no era más que un bebé, al principio el padre le leía un cuento hasta que se quedaba dormido, cuando el niño fue creciendo y estaba aprendiendo a leer era el niño quien a ritmo de sílaba y con un gran esfuerzo se lo leía al padre, ahora que ya era mayor para cuentos se contaban durante unos minutos lo más destacado del día el uno al otro.

Vicente estaba convencido de que aquellas pequeñas charlas fortalecían la unión padre e hijo, siempre había oído que no era tan importante el tiempo que se pasa con los hijos como que éste sea de calidad y para él estos momentos era de calidad de la buena. Además, estas conversaciones eran su válvula de escape, su fuga de la rutina y el tedio.

Como cada noche se despidieron con un beso en la frente y Vicente se dirigió al salón comedor en el que 
Eva veía en la televisión una serie de abogados. Durante unos minutos realizó un verdadero esfuerzo por engancharse al episodio pero fue en balde, como solía ser habitual se marchó a la cama a escuchar algún programa nocturno de radio de información, así conseguía ir desconectando su cerebro poco a poco hasta conciliar el sueño minutos antes de que su mujer ocupara el lado derecho de la cama.
Mientras escuchaba la radio con los auriculares a través del teléfono móvil, éste emitió un sonido característico y muy reconocible por Vicente, se trataba de una alerta.

Tenía configuradas varias alertas a través de Google para que le advirtieran cuando se produjeran noticias que él consideraba podían ser relevantes para su trabajo como analista de riesgo en una compañía de seguros, en la mayoría de los casos no se trataba de nada importante, pero le parecía una manera curiosa de ser alertado.


En la mayoría de los casos las alertas hacían referencia a graves incendios, terremotos, huracanes y cosas por el estilo pero en aquella ocasión la alerta hacía referencia a una muerte por un extraño virus,  tal y como había sucedido en ocasiones anteriores con los brotes de Ébola y del Zika en esta ocasión le remitía a una noticia del NY Times en cuya versión web se informaba de que en alguna lejana aldea del continente africano se habían producido varias muertes en extrañas circunstancias, aunque en un primer momento las autoridades locales lo habían achacado a un posible brote de Malaria o incluso de Ébola, lo cierto es que los síntomas no parecían coincidir con estas enfermedades, no obstante por lo remoto de la zona y el difícil acceso hasta allí para las asistencias médicas se hacía complicado determinar con detalle el motivo exacto de estos fallecimientos.

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jueves, 1 de diciembre de 2016

Presentación de "Los últimos amaneceres"

Presentación en Madrid de la última novela de Martin Rae “Los últimos amaneceres”

El pasado 1 de Diciembre se presentaba en Madrid la última novela de Martin Rae, una obra que en palabras de su autor vuelve a un clásico en él, los virus y las pandemias, pero en esta ocasión desde la perspectiva de una familia, una visión más intimista.

¿Vuelve al género de terror con esta obra?
No del todo, no creo que sea terror puro, podríamos hablar más de thriller e incluso drama, aunque sin duda la situación que se describe es terrorífica en sí.

¿Por qué esta obra y por qué ahora?
Es muy actual porque lo que se cuenta lo vivimos casi cada año, cuando no es la gripa A, es la aviar o el ébola, por no hablar de aquella bacteria asesina de hace unos años. La idea surgió con el brote de ébola de hace un par de años que llegó por primera vez a Europa, se vivieron días de sicosis y eso que el virus nunca salió del hospital, lo que hago en esta novela es ir un paso más allá, qué pasaría si una situación así se fuera de control, pero sobre todo cómo se viviría desde el punto de vista de una familia más o menos normal.
¿En esta ocasión no hay ninguna gran corporación detrás?
(Risas) Creo que no pero que cada lector saque sus propias conclusiones, en esta ocasión me interesaba más mostrar esa descomposición de la sociedad desde el punto de vista de un padre de familia… y de paso mostrar también  lo ridículo de muchas situaciones cotidianas de nuestro día a día.

Probablemente una de sus obras con más fans es Extinción; zona zero zombie de la que estos llevan años pidiendo una secuela, ¿podría ser ésta?
No, para nada. En todo caso podría ser una precuela, pero lo cierto es que no, no tiene nada que ver, son historias totalmente distintas.

¿Llegará esa secuela de su obra zombie?
Es un tema recurrente y siempre respondo lo mismo, no me lo planteo, si un día me llega la inspiración con una buena historia sí, no lo descarto, pero sinceramente no lo veo algo cercano ahora mismo. Es más factible que retome las historias del detective Víctor que la de los zombies.


¿Le gusta la etiqueta de escritor independiente?
Por lo general no me gustan las etiquetas, además para mí el hecho de ser escritor lleva implícito ser independiente, no me imagino a ningún escritor que no lo sea.

Usted siempre ha sido muy crítico con la situación política y social española, ¿qué valoración hace de la situación actual?
Que vamos de mal en peor, incluso los supuestos nuevos partidos ya han demostrado lo que son, más de lo mismo. Cualquiera que viera el debate de investidura debió sentir vergüenza ajena por la gentuza que allí había.
Pero más recientemente tenemos el hecho del boicot a la última película de Fernando Trueba, ¿en qué clase de país se boicotea la cultura?  En la España de hoy Picasso tendría que volver a exiliarse por las cosas que se dirían de su estilo de vida, somos un país que no tiene remedio.

¿Una futura novela?
Siempre hay ideas flotando en la cabeza, pero siento que necesito descansar un tiempo, además muchas veces comienzo a escribir algo y luego es inconcluso así que mejor no adelantar nada.

¿Un mensaje a sus lectores?
Lo primero agradecerles que me elijan para su tiempo libre que en la mayoría de los casos es algo bastante escaso. Y después agradecerles que lean en general, un hábito en desuso. Y ya si lo hacen pagando impuestos y no pirateando mejor que mejor (risas).


lunes, 30 de noviembre de 2015

Presentación EL CRIMEN DE NAVALAGAMELLA

Desde hoy ya podéis adquirir mi nueva novela; "El crimen de Navalagamella" en el siguente enlace: http://www.amazon.es/El-crimen-Navalagamella-Martin-Rae-ebook/dp/B018QL0GS0/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1448886299&sr=8-1&keywords=crimen+navalagamella

Os dejo un resumen de la presentación;

¿Cómo describiría esta nueva novela?
Para mí es una de esas de detectives, ahora las llaman novela negra a todas pero yo la veo como esas en las que hay un asesinato y un detective tiene que descubrir al asesino.

¿Al estilo PD James?
Ojalá, pero he de reconocer que me he inspirado más en otro tipo de casos, es más del estilo de series como Se ha escrito un crimen, para mí un clásico de la tv.

Pero cambiando a JB Fletcher por un detective vegano
(Risas) algo así, aunque es algo más que vegano, es un tipo místico que utiliza la meditación para ayudarle a resolver el caso.

Y que tiene un pasado oscuro
Así es, un pasado que le obliga a apartarde del mundo y que hasta que no lo supere le impedirá resolver este crimen

Aunque algunos le llaman el escritor de las conspiraciones aquí no la hay
(Risas) en este caso la historia es muy lineal y simple, planteo el juego al lector a que intente descubrir al asesino antes que el protagonista, sin trampa ni cartón, o casi.

¿Por qué en Navalagamella?
Porque es donde vivo y por donde suelo salir a correr, cuando lo hago los domingos por la mañana suelo hacerlo escuchando los disparos de los cazadores a mi alrededor y de ahí surgió la idea del crimen.

Da la sensación de que Víctor Torres llega par aquedarse, habrá más novelas con él?
Es curioso, algunas personas que han leído la novela también me lo han comentado pero la verdad es que no lo sé, no lo he escrito pensando en futuras aventuras pero tampoco lo descarto, indudablemente es un personaje que puede dar más de sí.

Hablando de secuelas en algún foro he leído que no descartaba escribir la segunda parte de Extinción; zona zero zombie
Que no lo descarte no significa que me lo esté planteando, es cierto que más de un lector me lo ha comentado en alguna ocasión y es algo que se agradece, y también es obvio que la historia que se narra puede continuar, pero la verdad es que a día de hoy no me veo con ganas de volver a ella.

¿Es difícil ser escritor hoy día?
Si ser escritor es escribir es muy fácil. Lo complicado es vivir de escribir, o al menos vivir con algo de dignidad. Publicar también es más fácil que nunca.

¿Futuros proyectos?
Ahora mismo ninguno pero esto puede cambiar en cualquier momento, como suelo decir no elijo las historias sino que ellas me elijen a mí, así que de un momento a otro puedo empezar con la próxima novela.